¿Cómo reaccionarias si alguien entra a tu casa sin permiso? ¿Y qué pasa con tu mente?
¿Lo expulsarías? ¿Lo examinarías e interrogarías sobre su motivación? Muchas formas de actuar pasan por nuestra cabeza, lo cual está íntimamente relacionado con el contexto de esa “invasión”. La interpretación de ese hecho se forma a partir de una serie de vivencias personales y sociales, así como de nuestras capacidades de actuación.
¿Qué pasa si el invasor tiene una apariencia intimidante? ¿Y si fuera Ned Flanders entrando solo para invitarte a un chocolate caliente? ¿Cómo saber quién es ese misterioso personaje?

Imagina ahora que enciendes tu smartphone y entras a una red social para ver videos de recetas, derrapes, bailes, o lo que sea. ¿Estamos seguros de que solo nosotros entramos a la red social? “No, claro, sé que hay un algoritmo detrás”, podrías decir. Pero, ¿sabemos cuáles son las pretensiones de este invasor digital? ¿Por qué no nos preocupamos de la misma manera que lo haríamos si alguien invadiera nuestra propiedad tangible?
El deslinde de acciones de las empresas tecnológicas y el impacto de sus decisiones en nuestras vidas no siempre es evidente. Este es un tema que merece una reflexión profunda.
Sobre la voluntad
Este no es un ensayo de Schopenhauer, aunque podría serlo. El sentido es explicarte cómo las nuevas formas de entretenimiento han expropiado nuestro pensamiento, camuflando a un enemigo que amenaza con anular uno de los conceptos más preciados para el ser humano: la voluntad. La expresión de esta voluntad, a través del actuar, queda plasmada en decisiones que guían el comportamiento humano hacia fines acordados por la sociedad.
Estas libertades y derechos se han proyectado en normas que delimitan nuestra vida cotidiana: nuestras horas de trabajo, nuestra propiedad, nuestras obras intelectuales, entre otras. En otras palabras, existen acuerdos que se sintetizan en proposiciones lingüísticas con el objetivo de prohibir, permitir o comandar una conducta.
No basta con la neurociencia:
sustratos que invertimos en la plantación de nuestro tejido social.
Te invito a explorar estas y otras interrogantes junto a mi proyecto SÍNTESIS:
- ¿Quién y cómo decide nuestra digestión de información?
- ¿Por qué existe la delincuencia?
- ¿Por qué existe la propiedad?
- ¿Quién dijo que la tecnología conlleva necesariamente progreso?
- ¿Por qué “trabajamos”?
- ¿Qué se esconde tras nuestro tejido social?
- ¿Cómo influye la cultura en el cumplimiento de una ley?
Estas preguntas nos permiten reflexionar sobre nuestras decisiones, sobre quiénes somos y hacia dónde queremos dirigirnos como sociedad. Acompáñame en esta exploración del actuar humano, la tecnología y el tejido social que nos define.
Diego S. Bravo. Abogado. (Made by a human=

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